MUERTE NUMERO TRECE
(MUERTE PRIMAVERA)
Ya que tenían una huerta muy grande, siempre se podía sentir un vientro fresco, con olor a pino y al mismo tiempo, obtener los frutos mas jugosos y grandes al instante. Había sido una tradición familiar cuidarla y conservarla como si fuera, además que lo era en muchos aspectos, un tesoro interminable que casi portaba su apellido.
Uno de los árboles mas frondosos era el manzano por el cual, las manos de casi toda la familia pasaban diariamente para recoger aquellos enormes y jugosos manjares con los cuales se hacían inumerables postres o bocadillos de medio día. Mientras las cocineras se lucían con unas torrejas con canela, distintas sidras y uno que otro pan de frutos secos, nunca olvidaban la órden que tenían de guardar cada semilla en el frasco de vidrio que estaba en una esquina del comedor. Conforme pasaban los días eran más y más las semillas que se acumulaban a puños de la sevrvidumbre que cuidadosamente las almacenaba sin saber el propósito o fin de las mismas.
Una cena especial que incluía su cumpleaños número 46 se iba a llevar acabo esa misma noche. Toda la familia estaba muy ocupada con los detalles. Era su primer cumpleaños desde su separación y el que solo uno de los dos hubiera ya rehecho su vida, en cierta manera afectaba todo su alrededor. Media ciudad se iba a reunir mas que a celebrar, a compartir su pena, pues no era ningun secreto sus raros estados de ánimo y sus largas depresiones desde la boda.
Olor a comida recién hecha, copas de vino rellenandose y muchos murmullos era lo único que se escuchaba desde el balcón trasero.
La preocupación de su madre al servir el segundo tiempo y que no hubiera bajado comenzó cuando ya hacía rato que la última luz de adentro se había apagado. Entra para escuchar algun ruido, esperando que la tristeza no hubiera inundado esta vez su corazón. Observa el frasco de semillas, esta vacío sin ninguna razón. Huele a primavera.









